El precio de decidir: energía, armas, ….. y lo que enseñamos
Hoy empezamos hablando de “el dinero”, porque siempre ayuda a situar las cosas. Sam Altman, el hombre que dirige OpenAI, se enfrentó a una pregunta incómoda, por llamarla de alguna manera, en India: ¿cuánta energía consume su criatura?

En lugar de responder con datos —que, por cierto, no publica—, respondió con una metáfora. Equiparó el coste de entrenar un modelo de IA con el coste de «entrenar a un humano»: veinte años de vida, toda la comida que comes, y los cien mil millones de personas que nos precedieron. Bonita frase. El problema, como señala Ramón López de Mántaras —pionero europeo de la disciplina y figura de referencia en España— es que la comparación es, en su propia palabra, «absurda». Una persona come para vivir. Un modelo se entrena porque alguien decide entrenarlo. La energía humana es una constante biológica. La energía de la IA es una variable que se añade al mundo tal como existe. Y cuando algo se añade a escala planetaria, la pregunta no es si consume, sino para qué consume, quién paga y quién decide.
Antón Costas, en El País, nos recuerda que no estamos ante un fenómeno neutro. Hay tres grandes estrategias en juego: la norteamericana, libertaria y oligopolista; la china, autoritaria y centralizada; y la europea, que Costas defiende como la única capaz de orientar la IA hacia el bien común. Europa regula, sí. Pero también innova: Mistral, Aleph Alpha, ALIA, OpenEuroLLM. El modelo descentralizado europeo, argumenta Costas, tiene más capacidad que los otros dos para experimentar sin perder derechos por el camino.
La actualidad le ha dado a Costas un argumento de regalo. Anthropic, la empresa creadora de Claude, se ha negado a ceder su herramienta al Departamento de Defensa de Estados Unidos para uso en armas autónomas y vigilancia masiva. El secretario Hegseth amenazó con cancelar contratos de 200 millones de dólares y con designar a la compañía como «riesgo para la cadena de suministro nacional», una etiqueta reservada hasta ahora para empresas chinas o rusas. Trump llegó más lejos: ordenó a todas las agencias federales dejar de usar Anthropic de forma inmediata, llamando a la empresa «woke» y «de izquierdas» en Truth Social.
Dario Amodei respondió que permitir que Claude se usara para desarrollar armas autónomas sería «incompatible con los valores democráticos». Casi de forma inmediata, Claude se convirtió en la aplicación número uno en descargas gratuitas en la App Store de Estados Unidos. Y Anthropic lanzó una función para importar la memoria completa de ChatGPT directamente a Claude, facilitando la transición de usuarios que quieren cambiar de plataforma. A veces los principios tienen más tirón que el marketing.
Mientras tanto, Javier Sampedro escribe «Me dan pena los robots«. Y lo justifica porque ganan al ajedrez y eso ya no vale. Resuelven proteínas y les dan el Nobel y a nadie le importa. Ahora llega el «test de Einstein», propuesto por Demis Hassabis, director ejecutivo de Google DeepMind y Nobel de Química 2024: alimentar a una máquina con todo el conocimiento humano hasta 1911 y ver si es capaz de redescubrir la relatividad general por sí sola, sin saber que existe. Si lo consigue, dice Sampedro, los haters de la IA lo van a tener crudo. Que piensen ellos, que nosotros ya tenemos bastante con pagar el alquiler. La pregunta no es si la IA puede pensar como Einstein. Es si nosotros seguimos siendo capaces de pensar sin ella.
La docente e investigadora Eli Landriel publica una hipótesis: ¿estamos somatizando la inteligencia artificial? La herramienta ya no es externa. Para muchos, se ha convertido en prótesis cognitiva. Y cuando la prótesis desaparece, el cerebro la busca como busca un miembro que ya no está.
Este hallazgo conecta directamente con un análisis sobre el informe de Pew Research Center —donde el 64% de los adolescentes afirma usar chatbots y el 54% los usa para tareas escolares— que desmonta el relato del alumno tramposo para señalar algo estructural: si evaluamos memoria a corto plazo, la IA la pulveriza. Si evaluamos síntesis superficial, también.
¿Qué hacemos con todo esto? La respuesta no está en prohibir, ni en rendirse, ni en fingir que no pasa nada. El reto no es tecnológico. Es humano. Y es, sobre todo, educativo.
La solución: educación. Con mayúscula. Y tilde en la «o».
Marzo de 2026

Fuentes
- Dans, E. (2026, marzo). Cuando copiar es racional: lo que la inteligencia artificial deja al descubierto en la educación. Enrique Dans. https://www.enriquedans.com/2026/03/cuando-copiar-es-racional-lo-que-la-inteligencia-artificial-deja-al-descubierto-en-la-educacion.html
- EL PAÍS. (2026, 22 febrero). Cómo frenar el pánico a la inteligencia artificial y orientarla al bien común (Antón Costas). El País. https://elpais.com/economia/negocios/2026-02-22/como-frenar-el-panico-a-la-inteligencia-artificial-y-orientarla-al-bien-comun.html
- EL PAÍS. (2026, 27 febrero). Las armas autónomas con IA enfrentan a las tecnológicas con Trump (Manuel G. Pascual). El País. https://elpais.com/tecnologia/2026-02-27/las-armas-autonomas-con-ia-enfrentan-a-las-tecnologicas-con-trump.html
- EL PAÍS. (2026, 28 febrero). El test de Einstein (Javier Sampedro). El País. https://elpais.com/opinion/2026-02-28/el-test-de-einstein.html
- López de Mántaras, R. (2026, 23 febrero). López de Mántaras desmonta a Altman: la energía humana es vida, la de la IA es opcional. Paréntesis.Media. https://www.parentesis.media/ramon-lopez-mantaras-sam-altman/
