Hoy termina todo…por ahora
Esta temporada empezó en una librería de Islantilla. Un librero me contó que montó su negocio por culpa de un amigo que nunca le devolvió una biografía de Erasmo de Rotterdam. Salí de allí con dos tomos de Zweig bajo el brazo y con una frase que nos ha acompañado todo el curso: cuando el mundo acelera, primero llega la confusión; si hay temple, después llega la razón.
Eso fue en septiembre. Estamos en junio. Toca preguntarse si ha llegado la razón.

Pues no. Todavía no. Pero ha pasado otra cosa. Por lo menos, hemos aprendido a ponerle nombre a lo que nos pasa.
Hemos tangivistado. Hemos descubierto el uso proxy, la epistemia, la rendición cognitiva, el apagón pedagógico. Hemos aprendido que cuando un modelo te da la razón un 49% más de la cuenta, eso tiene nombre, y que el nombre importa, porque lo que no se nombra no se puede enseñar. Nombrar las cosas es lo primero que hace una escuela.
Mientras tanto, el mundo se ha dedicado a darnos la razón. Que tampoco hacía falta tanto entusiasmo. Australia prohibió las redes a los menores y siete de cada diez siguen dentro, ahora en sitios más oscuros. Las administraciones legislaron sin formar a nadie para supervisar lo legislado. Hubo hasta una empresa de vigilancia explicándole a los estados cómo funcionar, y una encíclica defendiendo lo humano frente a la máquina, posiblemente con ayuda de la máquina. Dios escribe derecho con renglones generados con IA. Y un servidor mantuvo una conversación con una inteligencia artificial que tampoco sabía con quién estaba hablando. Seguimos sin saberlo. Los dos.
Si algo ha dejado claro esta temporada es que la IA no ha cambiado el mundo. Ha amplificado nuestra pereza y nuestra curiosidad. Nuestra desigualdad y nuestro talento. También nuestros sistemas de evaluación, que ya hacían aguas antes de que la máquina viniera a señalarlos, y a esos docentes que se forman fuera de horario porque sus alumnos no van a esperar. La máquina no nos ha traído un mundo nuevo. Nos ha puesto delante un espejo del viejo. Y comparado con él, el retrato de Dorian Gray se queda corto.
Y como noticia para darle una vuelta en estos meses calenturientos, Anthropic acaba de retirar su modelo estrella Fable 5 a todos sus usuarios, por orden del gobierno estadounidense. Llevábamos meses hablando de brecha digital. Pero la brecha implica distancia entre dos orillas que, en principio, podrían acercarse. Lo que está pasando ahora es otra cosa: es un muro. Y un muro de un tipo nuevo, porque no lo levanta la pobreza ni la falta de infraestructura. Lo levanta un gobierno que decide, de la noche a la mañana, quién tiene pasaporte válido para la inteligencia artificial de frontera.
Europa lleva años debatiendo cómo regular la IA. Y ahora descubre que la pregunta ya no es cómo controlar una herramienta, sino si va a poder seguir usándola. Y siempre, claro, nos quedará China. La geopolítica de la inteligencia artificial acaba de dejar de ser una metáfora. La IA ya es territorio.
Hay una película francesa de finales de los noventa que trata de un maestro de escuela en un pueblo castigado por el paro. Un hombre que no arregla el mundo: llega cada mañana, abre la puerta del aula y hace lo que puede con lo que hay. Porque en educación todo empieza hoy. Cada día. Cada curso. Cada septiembre.
Por eso esta despedida no es un final. Es un punto y seguido con piscina y playa si es posible. O con campo y caminos. O con un sofá y el tour. O con lo que os dé la gana hacer en vuestro tiempo libre, alejados de redes sociales y postureo.
Gracias por estar ahí, semana tras semana. Gracias a quienes han prestado su voz y sus conocimientos a este programa. A Guillermo, Jesús, Antonio, Raúl, Sandra y Vera.
Descansad, leed, tangivistad el verano. Y si alguien os pregunta qué hemos aprendido en cuarenta y dos episodios, ya sabéis la respuesta. La misma de siempre.
Que la solución es Educación. Con mayúscula. Y tilde en la «o».
Y luego está el Papa, el mago blanco, que advierte de que la IA no tiene cuerpo, no madura en las relaciones humanas y no sabe lo que es el amor. Todo correcto. Lo que chirría es que Anthropic, mientras tanto, reuniera a quince pensadores cristianos para que les ayudaran a determinar cómo debe comportarse Claude. Javier Sampedro concluye que si lo que el Papa defiende es una regulación civil y democrática de la IA, podría haberlo dicho con más claridad. Meter a Dios por medio complica las cosas, entre otras razones porque no todo el mundo está de acuerdo en lo que dice su Dios. Y en los sótanos del Pentágono, en cualquier caso, no leen encíclicas.
La escuela tiene aquí algo que decir. Y algo que hacer. No puede delegar esa responsabilidad en Silicon Valley. Ni en el Vaticano.
La solución: educación. Con mayúscula. Y tilde en la «o».
Junio de 2026

Fuentes
- Anthropic. (2026). Claude Sonnet 4.6 [Modelo de lenguaje de inteligencia artificial]. Anthropic. https://www.anthropic.com
- Dans, E. (2026, 13 de junio). Anthropic, Mythos y la innovación en un país que ya no sabe distinguir entre tecnología y amenaza. Enrique Dans. https://www.enriquedans.com/2026/06/anthropic-mythos-y-la-innovacion-en-un-pais-que-ya-no-sabe-distinguir-entre-tecnologia-y-amenaza.html
- Rizzi, A. (2026, 14 de junio). Un nuevo equilibrio del miedo aflora en el mundo. El País. https://elpais.com/internacional/2026-06-14/un-nuevo-equilibrio-del-miedo-aflora-en-el-mundo.html (El País)
