La Consejería de Desarrollo Educativo impide la autoformación a los docentes andaluces en Inteligencia Artificial, en una medida que aparenta un deseo de control y el riesgo de repetir errores pasados.

La instrucción polémica
El pasado 9 de septiembre la Dirección General de Innovación y Formación del Profesorado publicó las Instrucciones para el desarrollo de Grupos de Trabajo del curso 2025-2026. En el apartado 7, página 2, se establece lo siguiente:
“Con el fin de preservar un entorno digital seguro, no se aceptarán actividades relacionadas con la IA en modalidades de autoformación. Esta medida temporal nos permitirá unificar criterios y establecer directrices y controles sólidos que promuevan un uso profesionalizado de la IA alineado con nuestro compromiso con la seguridad y la protección de datos”.
La disposición, presentada como “temporal”, en la práctica prohíbe que el profesorado organice libremente actividades de formación en Inteligencia Artificial (IA).
Una decisión difícil de justificar
El veto supone un freno injustificable en un momento en el que la IA ya transforma la economía, la cultura y, por supuesto, la educación. El impacto negativo de esta medida se aprecia en varios frentes:
- Ausencia de formación en IA. Se margina una necesidad urgente y se condena al profesorado a la desactualización.
- Infantilización del docente. Se limita la capacidad del profesorado de elegir su formación, tratándolo como si no pudiera gestionar responsablemente su aprendizaje.
- Deseo de control. La Consejería busca centralizar las directrices sobre IA en lugar de fomentar un ecosistema abierto y plural.
- Reiteración de errores pasados. Las acreditaciones de Competencia Digital Docente se basaron en cursos “enlatados”, sin impacto real en la práctica. La historia amenaza con repetirse.
La IA no espera
El documento reconoce que la IA “ofrece un gran potencial”, pero, paradójicamente, veta la autoformación en ese mismo campo. La contradicción es evidente: mientras la sociedad y el alumnado se adentran en un futuro marcado por la IA, la administración decide dejar la formación docente en “stand by”.
La IA evoluciona cada día y ya está en las aulas. Renunciar a que los docentes se formen en ella de manera autónoma no es cautela: es una renuncia a liderar el cambio educativo.
¿Qué hacer?
Si realmente preocupa el uso seguro y ético de la IA, la solución no pasa por prohibir, sino por acompañar y guiar. La administración debería:
- Definir criterios claros de seguridad y protección de datos.
- Facilitar formaciones flexibles y conectadas con la realidad de los centros.
- Confiar en la capacidad crítica del profesorado para explorar la IA de manera responsable.
La innovación educativa no se impone desde arriba ni se construye a base de vetos. Nace en el aula, con docentes comprometidos, reflexivos y formados en lo que el presente y el futuro demandan: la Inteligencia Artificial.
Septiembre de 2025
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