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Análisis de «Orientaciones para la integración de la IA en la formación del profesorado» (INTEF)

La inteligencia artificial ya forma parte de la práctica cotidiana de muchos docentes: se utiliza para buscar ideas, adaptar materiales, preparar actividades, revisar textos o generar recursos. Sin embargo, su presencia no garantiza por sí misma una mejora educativa. La cuestión decisiva es otra: cómo se integra en el trabajo docente, con qué propósito y bajo qué criterios.

El documento Orientaciones para la integración de la inteligencia artificial en la formación del profesorado, publicado por el INTEF en 2025, propone un marco para responder a estas preguntas. Su mirada es especialmente interesante porque no se limita al aula ni a la formación técnica en herramientas: aborda la IA como un asunto de diseño pedagógico, organización institucional, evaluación, acompañamiento y responsabilidad profesional.


El documento en 1 minuto

  • ☑️  La IA debe ser un apoyo al trabajo humano, no un sustituto del juicio profesional, la interacción o el aprendizaje.
  • ☑️  La formación docente en IA debe incluir conocimientos técnicos básicos, pero también ética, pensamiento crítico, privacidad y aplicación pedagógica.
  • ☑️  Los organismos responsables de la formación pueden utilizar IA para mejorar procesos administrativos, siempre con supervisión humana y atención a los riesgos.
  • ☑️  La expansión de la IA generativa obliga a revisar cómo se diseñan las tareas: no basta con pedir un producto final si no permite identificar el proceso de aprendizaje.
  • ☑️  El documento propone orientaciones diferenciadas para diseñadores de formación, tutores y participantes.
  • ☑️  Para un docente, la idea esencial es clara: usar IA de forma competente no consiste en obtener respuestas más rápidas, sino en tomar mejores decisiones educativas.

La propuesta del INTEF: tres frentes de actuación

El documento organiza su propuesta en tres líneas de actuación:

  • 👉 La primera se refiere a la incorporación de IA en los procesos administrativos y de gestión de los organismos que organizan la formación.
  • 👉 La segunda se centra en los programas destinados a desarrollar las competencias docentes necesarias.
  • 👉 La tercera plantea directrices para usar IA dentro de las propias actividades formativas.

Esta estructura tiene una virtud: evita tratar la IA como un asunto exclusivamente individual. No es solo responsabilidad del profesor que decide emplear una herramienta. También importan las decisiones de quien diseña un curso, quien lo tutoriza, quien administra una plataforma o quien establece sus normas de evaluación.

En el ámbito de la gestión, el INTEF plantea usos como la atención a consultas frecuentes, los recordatorios, el análisis de encuestas o el apoyo a la organización de inscripciones. Pero introduce un límite fundamental: las decisiones relevantes deben conservar mecanismos de validación y supervisión humana. Cuando la IA afecta a la admisión, evaluación o tratamiento de datos personales, los riesgos no son meramente técnicos: pueden afectar a derechos, oportunidades y equidad.



Ocho principios para no integrar la IA de forma superficial

El documento adapta los principios de IA confiable a la formación docente y los convierte en un marco práctico. No son una lista de comprobación aislada, sino criterios que deberían aparecer en cada decisión.

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☑️ El primero es la idea de una IA al servicio de la persona. La tecnología puede ayudar a simplificar tareas, ampliar posibilidades de creación o personalizar apoyos, pero no debería reemplazar el acompañamiento, la deliberación ni el esfuerzo que requiere aprender.

☑️ También destaca el uso ético, que incluye prevenir fraude académico, desigualdades, desinformación y usos que dañen a otras personas. La responsabilidad no recae únicamente en quien escribe un prompt: implica a instituciones, proveedores, diseñadores de herramientas y usuarios.

☑️ La transparencia es otro eje central. Si se ha utilizado IA para generar o transformar un contenido, conviene informarlo. No se trata de convertir cada uso en una declaración burocrática, sino de hacer visible qué papel ha tenido la herramienta y cuál ha sido la intervención humana.

☑️ El texto insiste además en la fiabilidad y revisión crítica. La IA puede generar resultados plausibles, pero incorrectos; respuestas aparentemente neutrales, pero sesgadas; o explicaciones bien redactadas que ocultan errores. Por eso el profesorado necesita comprender, al menos de forma básica, cómo funcionan estas herramientas, qué limitaciones tienen y por qué sus resultados deben contrastarse.

☑️ A estos principios se suman la privacidad y protección de datos, la equidad y prevención de sesgos, la sostenibilidad ambiental y un concepto especialmente sugerente: la prevención del sedentarismo cognitivo. El riesgo no es solo que una herramienta se equivoque; también lo es que nos acostumbremos a delegar sistemáticamente acciones que exigen leer, recordar, argumentar, investigar o crear.


Formar en IA no es sólo enseñar a escribir prompts

Uno de los aciertos del documento es no reducir la competencia docente en IA al dominio de una aplicación concreta. Las herramientas cambian rápido; lo que necesita permanecer es el criterio para seleccionarlas, utilizarlas y evaluarlas.

El INTEF identifica seis ámbitos que debería desarrollar la formación docente:

  • Una perspectiva humanista, que priorice derechos, bienestar y necesidades de las personas.
  • La ética y el uso responsable de la IA.
  • El pensamiento crítico para valorar herramientas y resultados.
  • Conocimientos básicos sobre el funcionamiento, potencial y límites de la IA.
  • La integración pedagógica de la tecnología en función de objetivos de aprendizaje y necesidades del alumnado.
  • El uso de IA para el desarrollo profesional docente, la colaboración y la actualización continua.

A partir de estos ámbitos, el documento propone una oferta formativa diversa: cursos generales de alfabetización en IA, formación vinculada a materias concretas, propuestas sobre tareas docentes reales —como diseñar situaciones de aprendizaje o revisar procesos de evaluación—, espacios de debate y comunidades de intercambio.

La idea de fondo es importante: la formación no debería limitarse a mostrar “qué puede hacer una herramienta”, sino ayudar a responder preguntas más difíciles. ¿En qué momento aporta valor? ¿Qué debería seguir haciendo el docente? ¿Qué datos no se deben compartir? ¿Cómo cambia una actividad cuando el participante puede usar IA generativa? ¿Qué evidencias demuestran que ha habido aprendizaje?

 💡La inteligencia artificial debe concebirse como un recurso complementario que potencia, pero no reemplaza, la interacción humana.


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Rediseñar las tareas para que el aprendizaje siga siendo humano

La generalización de la IA generativa obliga a revisar el diseño de actividades. Si una tarea se resuelve con una respuesta genérica en pocos segundos, probablemente ofrece pocas evidencias del razonamiento, la experiencia o el criterio de quien la entrega.

El documento propone varias respuestas a este reto. Una es ampliar las actividades colaborativas, los debates y los espacios donde la interacción entre docentes aporte valor. Otra es contextualizar las tareas: pedir que se relacionen con el centro, el alumnado, la materia o un problema profesional concreto. Esa conexión con la realidad dificulta las respuestas automáticas y hace más visible el juicio pedagógico.

También recomienda diseñar actividades que exijan investigación, creatividad, reflexión y toma de decisiones, no solo la producción de un resultado final. Por ejemplo, una tarea puede pedir al participante que compare varias respuestas generadas por IA, identifique errores o sesgos, justifique qué cambios realizaría y explique cómo adaptaría el recurso a su contexto.

La IA puede ser útil en el diseño de materiales, la creación de cuestionarios variados, la elaboración inicial de rúbricas o la mejora de la accesibilidad mediante subtítulos, audiodescripciones y adaptación a lectura fácil. Pero el documento recuerda una condición indispensable: esos recursos deben ser revisados y ajustados profesionalmente antes de incorporarse a un curso o a una evaluación.

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Qué cambia para tutores y participantes

👉​Para quien tutoriza

Los tutores y dinamizadores no quedan al margen de este cambio. Si emplean IA para preparar materiales, responder consultas o redactar retroalimentaciones, deben actuar con transparencia, prudencia y responsabilidad.

La recomendación más relevante es que cualquier retroalimentación generada con ayuda de IA debe ser revisada y personalizada. Una respuesta automática puede ahorrar tiempo, pero no sustituye la comprensión del proceso individual de aprendizaje de cada participante. El tutor sigue siendo quien interpreta dificultades, formula preguntas útiles y ofrece acompañamiento significativo.

También debe promover interacciones humanas, aclarar las reglas de uso de IA en cada actividad, proteger los datos personales y supervisar los asistentes virtuales que puedan incorporarse a un curso.

👉​ Para quien participa

El documento no plantea una prohibición general de la IA. Propone, en cambio, un uso complementario y consciente. La herramienta puede servir para explorar ideas, consultar información, estructurar un texto o generar un primer borrador, siempre que no sustituya el trabajo personal ni la creatividad individual.

El profesorado participante debe proteger datos sensibles, contrastar la información obtenida y respetar las condiciones de cada actividad. Además, el INTEF recomienda declarar de forma expresa el uso de IA en los trabajos presentados, indicando la herramienta empleada y el grado de intervención humana.

Esta declaración puede parecer un detalle menor, pero tiene un valor formativo: desplaza la conversación desde “¿has usado IA?” hacia “¿para qué la has usado, cómo has evaluado el resultado y qué parte del trabajo es propiamente tuya?”.

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Una guía útil, con retos aún abiertos

Estas orientaciones aportan una visión amplia y sensata. Su principal fortaleza es que no presentan la IA como una promesa automática ni como una amenaza inevitable. La sitúan en el terreno donde realmente se juega su impacto: las decisiones de diseño, los protocolos de uso, la evaluación y la cultura profesional de los centros.

También resulta valioso que el documento incluya el papel de las instituciones. El uso responsable de IA no puede depender únicamente de la buena voluntad o de la competencia individual de cada docente. Requiere formación sostenida, normas comprensibles, protección de datos, tiempo para experimentar y espacios donde compartir dudas y prácticas.

Su principal reto será traducir estos principios en medidas manejables. Los centros y redes de formación necesitan ejemplos de protocolos, criterios de evaluación, modelos de declaración de uso y estrategias realistas para comprobar si la formación tiene impacto en la práctica docente. Una guía es necesaria; para que sea efectiva, deberá acompañarse de recursos, liderazgo y revisión continua.


Conclusión y valoración final

El documento del INTEF defiende una idea que conviene retener: integrar IA en la formación docente no significa añadir una herramienta más a un catálogo de recursos. Significa revisar qué entendemos por aprendizaje, qué tareas proponemos, qué delegamos en los sistemas automáticos y qué capacidades humanas queremos preservar.

Es una lectura recomendable para equipos directivos, responsables de formación, coordinadores digitales, tutores y docentes interesados en incorporar IA con criterio. Su mensaje final es útil incluso para quien aún no tiene un plan institucional: la IA puede apoyar el aprendizaje, pero nunca debería reemplazar el pensamiento, la responsabilidad ni la relación educativa.


Ficha técnica

⚠️  ATENCIÓN: Este artículo ha sido generado con herramientas de IA. Aunque ha sido revisado por los autores del blog, puede contener errores en su contenido.

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