La inteligencia artificial ya aparece en tareas, recursos y servicios que forman parte de la vida escolar. Ante esa realidad, la pregunta útil no es solo qué herramientas puede probar un docente, sino qué objetivo educativo persigue, qué parte del trabajo conviene confiar a la IA y qué decisiones deben seguir bajo control de las personas. La Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo, publicada por el INTEF en septiembre de 2026, ofrece criterios para abordar esas decisiones desde el aula y desde el centro.
La publicación organiza sus orientaciones alrededor del alumnado, el profesorado y los centros educativos. Reúne posibilidades, riesgos, principios éticos y propuestas prácticas, desde situaciones de aprendizaje hasta modelos para declarar o reflexionar sobre el uso de IA. Su aportación principal es ofrecer un marco para tomar decisiones pedagógicas; no se limita a presentar aplicaciones ni propone una receta idéntica para todos los contextos.

El documento en 1 minuto
- ☑️ La guía aborda la IA desde tres perspectivas: aprender para utilizarla con criterio, aprender con ella y aprender sobre cómo funciona y qué efectos tiene.
- ☑️ Para el alumnado, concreta cuatro dimensiones de alfabetización: interactuar, crear, gestionar y modelar sistemas de IA.
- ☑️ Para el profesorado, propone usos que pueden apoyar el diseño, la personalización, la evaluación y la planificación, siempre con revisión y criterio docente.
- ☑️ Para los centros, plantea integrar la IA en la estrategia digital, acordar criterios compartidos y evaluar su uso.
- ☑️ ¿Por qué debería importarle a un docente? Porque desplaza la conversación de «qué herramienta uso» a «qué quiero que aprenda el alumnado, qué puede aportar la IA y cómo comprobaré el aprendizaje».

Una alfabetización que va más allá de usar herramientas
- ✅ La guía distingue entre aprender para la IA, es decir, desenvolverse de manera crítica y responsable en entornos donde está presente; aprender con la IA, incorporándola cuando puede apoyar el aprendizaje; y aprender sobre la IA, comprendiendo sus principios básicos y sus consecuencias. Los tres enfoques se complementan: usar una herramienta no garantiza que el alumnado entienda sus límites ni que sepa decidir cuándo no conviene usarla. Para llevar esta idea al currículo, el documento recoge cuatro dimensiones:
- interactuar con la IA y valorar sus resultados
- crear con ella sin renunciar a la autoría y la responsabilidad
- gestionar su intervención en una tarea
- modelar la IA, explorando cómo los datos y las decisiones de diseño influyen en su funcionamiento
Modelar no significa formar a todo el alumnado como especialista técnico, sino ayudarle a comprender que estos sistemas son diseñados por personas y pueden analizarse y cuestionarse.
Este planteamiento coincide con el marco de alfabetización en IA elaborado por la OCDE y la Unión Europea para Primaria y Secundaria, que también organiza las competencias del alumnado en torno a interactuar, crear, gestionar y diseñar o modelar sistemas de IA (marco OCDE-UE). La guía insiste en adaptar el trabajo a la madurez, las necesidades y el contexto de cada grupo.

El alumnado: aprender sin delegar el proceso
✅ La guía identifica riesgos que pueden pasar inadvertidos cuando se observa solo el resultado final: externalizar el razonamiento, confundir una explicación convincente con comprensión real, recurrir a la IA por comodidad o adoptar una actitud pasiva ante las respuestas que genera. Los presenta como desafíos que conviene prevenir y supervisar, no como consecuencias inevitables de cada uso.
Entre las respuestas que propone están pedir al alumnado que explique cómo llegó a una respuesta, contraste información, justifique qué aportaciones de la IA aceptó o rechazó y muestre parte del proceso de trabajo. Las defensas orales, la revisión de borradores y las tareas de transferencia pueden ayudar a comprobar qué ha aprendido cada estudiante. En algunas fases también será necesario practicar sin asistencia de IA, para que se consoliden conocimientos y habilidades propios.
La transparencia y la protección de datos completan este enfoque. El alumnado necesita saber cuándo puede usar IA y cómo declarar su intervención; además, no debería introducir datos personales o sensibles en herramientas que el centro no haya autorizado o evaluado. La responsabilidad no recae únicamente en quien usa la aplicación: también depende de las decisiones del centro y de las garantías de cada servicio.

El profesorado: decidir cuándo la IA aporta valor
✅ En la práctica docente, la guía contempla usos para diseñar propuestas, adaptar materiales y formatos, apoyar la evaluación y agilizar tareas de planificación. El criterio que los une es la finalidad pedagógica: la IA puede ampliar opciones y ahorrar trabajo, pero el docente debe revisar los resultados, ajustarlos al grupo y decidir si mejoran de verdad el aprendizaje.
⚠️ La evaluación merece una consideración específica. El Reglamento europeo de IA incluye determinados sistemas destinados a evaluar resultados de aprendizaje o a orientar el proceso de aprendizaje entre los casos de alto riesgo de su anexo III. Eso no significa que toda ayuda de IA para preparar una rúbrica, crear preguntas o dar comentarios sea automáticamente el mismo tipo de sistema. Importan el propósito y el contexto de uso. Según el calendario que la Comisión Europea publica en octubre de 2026, las obligaciones para los sistemas de alto riesgo del anexo III se aplicarán desde el 2 de diciembre de 2027 (calendario de aplicación del Reglamento de IA).
La guía también convierte una decisión habitual —cuánta ayuda de IA se permite en una tarea— en un acuerdo que puede explicitarse. Su semáforo de uso contempla cinco niveles: sin IA; ideas y estructura; edición de un trabajo propio; ejecución de tareas concretas con revisión y declaración; y colaboración con IA a lo largo del proceso. El docente puede elegir el nivel adecuado según el objetivo de aprendizaje y explicar las condiciones al alumnado.
La perspectiva coincide con las directrices europeas para educadores sobre el uso ético de la IA y los datos y con la cautela de la OCDE: la IA generativa puede mejorar el desempeño en una tarea sin producir, por sí sola, un aprendizaje duradero. Su uso educativo requiere propósito y orientación (directrices europeas para educadores; OECD Digital Education Outlook 2026).

El centro educativo: pasar de iniciativas aisladas a acuerdos compartidos
El tercer perfil es el centro educativo. La guía propone incluir la IA en la planificación digital, alinearla con los objetivos educativos y revisar sus usos con el tiempo. Entre los escenarios que examina están la orientación al alumnado, el análisis de evidencias para la mejora educativa, la gestión organizativa y la comunicación con las familias.
Este nivel importa porque algunas decisiones no pueden depender de iniciativas individuales: qué herramientas se autorizan, cómo se protegen los datos, qué formación necesita el profesorado, cómo se informa a las familias y quién revisa los resultados. El Plan Digital de Centro puede ofrecer el espacio para acordar criterios, asignar responsabilidades y evaluar si una herramienta aporta valor en ese contexto.
La ética, el bienestar y la sostenibilidad atraviesan los usos
La guía dedica un apartado a principios éticos y relaciona la práctica con cuestiones como la dignidad, la supervisión humana, la fiabilidad, la transparencia, la privacidad, la equidad y la finalidad educativa. También aborda el bienestar cognitivo, emocional y social del alumnado. La idea práctica es valorar no solo si una herramienta funciona, sino qué efectos puede tener sobre la autonomía, las relaciones y la capacidad de aprender.
La dimensión ambiental amplía esa valoración. La IA depende de centros de datos, electricidad, hardware y materiales; no es una tecnología sin soporte físico. El documento propone que las comunidades educativas se pregunten si cada uso está justificado y cómo introducir una reflexión sobre el consumo de recursos. Así, el uso responsable incluye escoger cuándo la IA resulta útil y cuándo una alternativa más sencilla es suficiente.
De las orientaciones a los recursos para el aula
Los anexos ayudan a convertir el marco general en propuestas concretas:
- 👉 El primero recoge situaciones de aprendizaje organizadas por competencias y etapas. Por ejemplo, plantea presentar una solución matemática generada por IA con errores plausibles para que el alumnado revise los pasos, localice el fallo y argumente una corrección con evidencias.
- 👉 El segundo anexo ofrece un modelo de declaración de uso de IA para hacer visible cómo se empleó la herramienta. El tercero propone un cuestionario para conocer los hábitos, las dudas y las necesidades del alumnado. Juntos permiten iniciar una conversación sobre el uso real de IA en el grupo y decidir qué apoyos o acuerdos hacen falta.

Qué aporta la guía y qué conviene adaptar
☑️ La fortaleza del documento está en conectar tres planos que a menudo se tratan por separado: las competencias del alumnado, el criterio profesional docente y la planificación del centro. Además, combina principios con ejemplos, de modo que el lector puede pasar de una decisión general a una actividad o un acuerdo de aula.
☑️ La guía es un marco, no un protocolo detallado para cada aplicación. Cada centro tendrá que comprobar las condiciones de las herramientas que utilice, revisar sus normas y adaptar las propuestas a la edad, la materia y los recursos disponibles. También conviene distinguir las recomendaciones pedagógicas de las obligaciones legales aplicables.
☑️ En España, la LOPDGDD establece que el tratamiento de datos personales de menores puede fundarse en su propio consentimiento a partir de los catorce años; por debajo de esa edad, el consentimiento para ese tratamiento debe proceder de quien ejerza la patria potestad o tutela. Este umbral se refiere a la base jurídica del consentimiento: no fija por sí solo una edad mínima general para acceder a cualquier herramienta. También hay que revisar las condiciones del servicio y las normas del centro (LOPDGDD, artículo 7).
☑️ Por último, las referencias normativas del documento se sitúan en España y la Unión Europea. Sus ideas pedagógicas pueden ser útiles en otros lugares, pero deben contextualizarse según la legislación, las políticas educativas y las condiciones de cada comunidad. La guía ofrece preguntas y criterios; la decisión final requiere conocer a las personas y el entorno donde se aplicará.
Conclusión y valoración final
La guía del INTEF propone una forma equilibrada de abordar la IA en educación: alfabetizar al alumnado, apoyar al profesorado y dar a los centros criterios para decidir. Su planteamiento ayuda a evitar tanto el uso automático como el rechazo general, porque centra la conversación en los objetivos de aprendizaje, la autonomía, la supervisión humana y los derechos de la comunidad educativa.
Su lectura puede convertirse en una herramienta de trabajo si se aplica a decisiones reales: qué objetivo persigue una tarea, qué papel puede tener la IA, qué proceso debe realizar el alumnado, qué datos se compartirán y cómo se revisarán los resultados. Esa secuencia ofrece un punto de partida útil para integrar la tecnología con sentido pedagógico y responsabilidad compartida.
Ficha técnica
- Documento: Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo, versión 2.0.
- Organización: Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.

BONUS
Presentación de esta guía en YouTube:
