En la sección del profesor productivo en el podcast IA y Educación el profesor «enterao» (mitad profes y mitad cuñao…) nos trae algunos conceptos relacionados con la economía del pensamiento que puede acompañar al uso de IA.

Usar inteligencia artificial también tiene una especie de economía propia. Podemos ahorrar esfuerzo mental y generar más ideas, pero ese ahorro no siempre sale gratis.
Cuando delegamos parte de nuestro pensamiento aparecen fenómenos como la deuda cognitiva, la tasa cognitiva, la cognición muerta y el blanqueo de atribución.
Deuda cognitiva: ahorrar esfuerzo ahora y pagarlo después
La deuda cognitiva aparece cuando utilizamos la IA para evitar un esfuerzo mental en el presente, pero ese ahorro puede tener consecuencias posteriores.
Imaginemos que un estudiante debe escribir un texto argumentativo. En lugar de buscar información, organizar ideas y redactar argumentos, pide directamente a ChatGPT que haga el trabajo.
La tarea está terminada, pero también se ha saltado buena parte de los procesos mentales que precisamente debía practicar.
Un estudio del MIT publicado en 2025 observó que quienes utilizaron un modelo de IA para escribir ensayos mostraban menor conectividad cerebral durante la tarea, más dificultades para recordar lo escrito y menor sentimiento de autoría.
El problema, por tanto, no es usar IA, sino utilizarla para sustituir el esfuerzo que produce aprendizaje.
Tasa cognitiva: generar es fácil, elegir no tanto
La IA también permite generar ideas a una velocidad enorme.
Podemos pedir diez propuestas para mejorar una actividad, otras diez con aprendizaje cooperativo y otras diez con gamificación. En pocos minutos tenemos treinta opciones.
Pero alguien tiene que leerlas, compararlas, descartar las malas y decidir cuáles sirven.
Ahí aparece la tasa cognitiva: la IA reduce mucho el esfuerzo de generar alternativas, pero no reduce en la misma medida el esfuerzo necesario para valorarlas.
Por eso, habilidades como sintetizar, seleccionar y decidir serán cada vez más importantes.
Cognición muerta: ¿esa idea era realmente nuestra?
La cognición muerta aparece cuando empezamos a confundir lo que hemos pensado nosotros con lo que ha desarrollado la IA.
Podemos darle a ChatGPT unas ideas generales y pedirle que las organice, construya los argumentos y añada una conclusión.
El resultado puede encajar perfectamente con lo que queríamos decir. El problema es que, después de leerlo varias veces, podemos acabar pensando que todo aquel razonamiento era nuestro desde el principio.
La IA puede rellenar los huecos de nuestro pensamiento tan bien que terminemos confundiendo familiaridad con comprensión.
En educación esto plantea una pregunta importante: ¿lo he pensado yo o simplemente me resulta familiar porque lo he leído generado por una IA?
Blanqueo de atribución: cuando la IA nos devuelve sus ideas como nuestras
El blanqueo de atribución ocurre cuando la IA desarrolla una idea y después nos la devuelve como si hubiera salido originalmente de nosotros.
Podemos aportar una intuición muy sencilla y recibir después respuestas como “siguiendo tu razonamiento” o “como tú mismo has señalado”.
Quizá nosotros apenas habíamos planteado una idea inicial, mientras que la IA había construido las conexiones y las conclusiones.
Esto puede reforzar una falsa sensación de comprensión o de autoría.
Primero la máquina completa nuestro pensamiento y después nos devuelve el resultado con nuestro nombre puesto.
Aprender qué debemos seguir pensando nosotros
Estos fenómenos no son exclusivos de la inteligencia artificial. También podemos apropiarnos sin querer de ideas ajenas, saturarnos ante demasiadas opciones o incorporar argumentos que hemos escuchado de otras personas.
La diferencia es que la IA acelera y multiplica estos procesos.
Puede generar textos, argumentos y alternativas mucho más rápido de lo que nosotros podemos analizarlos.
Por eso, una de las competencias más importantes no será simplemente aprender a utilizar inteligencia artificial, sino saber qué merece la pena seguir pensando nosotros.
Generar contenido será cada vez más fácil. Lo difícil será saber qué entendemos de verdad, qué hemos pensado nosotros y qué decisiones no queremos delegar.

