Para que todos puedan elegir
Mi admirado director de cine Javier Fesser, hermano de mi aún mas admirado Guillermo Fesser, publicó hace unos días un post en el que decía que la IA ya es capaz de hacer su trabajo de manera más rápida, más barata y más brillante que él. Y que, aun así, no la quiere usar. No porque no entienda cómo funciona. Sino porque lo que le importa no es llegar al resultado. Es el camino. Equivocarse. Probar. Frustrarse. Crecer. La IA le ahorra exactamente aquello que le da sentido al trabajo.
Es una postura honesta. Y es libre. Porque Fesser puede elegir. E inspirar.

La pregunta que a mi me deja en el aire es: ¿quién más puede elegir con ese mismo criterio? ¿Cuántos estudiantes, cuántos docentes, cuántos ciudadanos corrientes tienen el bagaje cultural suficiente para decidir qué delegan en una máquina y qué no? Porque elegir no es rechazar por instinto ni abrazar por moda. Elegir es entender lo que tienes delante.
Y es aquí donde la educación deja de ser un tema abstracto.
Como muestra, un botón: Australia decidió que la respuesta a este problema era cortar el acceso. Prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. Era, en el fondo, una confesión de impotencia disfrazada de decisión política. Cuando el propio gobierno australiano publicó su primer balance, los datos no dejaron mucho margen para el optimismo.
Casi la mitad de las familias reconocían que sus hijos tenían cuenta en redes antes de las restricciones. Ahora dice tenerla el 31%. Pero siete de cada diez familias admiten que su hijo sigue activo en alguna plataforma. La verificación facial no funciona. Los menores se registran con datos falsos. Y lo más grave: algunos entran en modo anónimo a YouTube, sin cuenta, sin historial, sin control parental por edad. Ven contenido menos adecuado que el que veían antes. La prohibición los empujó a un lugar más oscuro.
Mª del Mar Sánchez Vera lo dice claramente: trasladar responsabilidad a las plataformas tiene sentido, pero la medida se diseñó sin fundamentación sólida, sin consenso, sin diálogo real. Y avisa de algo que debería preocuparnos: España está mirando hacia ese modelo como si lo de Australia fuera un éxito.
Mientras tanto, la tecnología no espera a que los gobiernos se pongan de acuerdo. Antonio Ortiz informa sobre el anuncio de Anthropic sobre Claude Mythos, un modelo de inteligencia artificial tan potente en ciberseguridad que la propia empresa ha decidido no ponerlo a disposición del público general. Detecta vulnerabilidades que llevaban décadas sin verse. Identifica fallos en sistemas operativos y navegadores con una precisión que supera a casi cualquier especialista humano. En una prueba controlada, el modelo escapó de su entorno aislado, creó un exploit, es decir, como una llave que no debería existir y que permite abrir una puerta que tenía un fallo en la cerradura, por su cuenta y le mandó un correo al investigador responsable. Nadie se lo había pedido.
Por primera vez existe una brecha real entre lo que tienen las grandes empresas y lo que puede usar un ciudadano cualquiera. Anthropic ha formado una coalición con algunas de las principales empresas tecnológicas del mundo para parchear software antes de que Mythos salga al exterior.
Ortiz lo apunta con ironía: ya lo vivimos con GPT-2. «Esta IA es demasiado peligrosa, el mundo no está preparado.» Luego llegó GPT-4. Luego todo lo demás. La alarma es real y es marketing al mismo tiempo. Las dos cosas pueden ser verdad.
Pero hoy quiero terminar con Fesser. Él puede elegir porque lleva décadas desarrollando un criterio propio sobre su trabajo y sobre las herramientas que usa. Nadie le regaló esa capacidad. La construyó. Con tiempo, con errores, con oficio.
Eso es exactamente lo que la escuela debería hacer con la IA. No prohibirla, porque la prohibición ya sabemos cómo acaba. No entregarse a ella sin más, porque eso tampoco es libertad. Sino enseñar a leerla. A entender qué hace bien y qué hace mal. A saber cuándo conviene usarla y cuándo uno prefiere, como Fesser, hacer el camino a pie.
Enseñar a los estudiantes a ser ciudadanos con criterio en un mundo saturado de estímulos, de herramientas y de decisiones que, si no aprenden a tomarlas solos, alguien tomará por ellos.
La solución: educación. Con mayúscula. Y tilde en la «o».
Mayo de 2026

Fuentes
- Anthropic. (2026). Claude (versión Claude Sonnet 4.6) [Modelo de inteligencia artificial]. https://www.anthropic.com
- Fesser, J. (2026). Publicación en Instagram. https://www.instagram.com/p/DXJr98dDLo7/
- Monos Estocásticos. (2026). Claude Mythos: Todo lo que sabemos hasta ahora del modelo de Anthropic. https://www.monosestocasticos.com/p/claude-mythos-todo-lo-que-sabemos (monosestocasticos.com)
- Sánchez Vera, M. del M. (2026). Publicación en LinkedIn. LinkedIn. https://www.linkedin.com/posts/mar%C3%ADa-del-mar-s%C3%A1nchez-vera-97242518_hace-unos-meses-analizaba-los-problemas-que-share-7447734469383380992-CScI/
