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Automejora recursiva

Noticias IA y Educación – 28 de septiembre a 4 de octubre de 2026


Hablamos de automejora recursiva. La expresión describe un sistema capaz de mejorarse a sí mismo. Una IA ayuda a diseñar y entrenar la siguiente versión; esa versión, más capaz, hace lo mismo con la que viene detrás; y así en bucle, cada vuelta un poco más rápida que la anterior. Como muestra de lo que esto significa en la IA, ahí va un botón: Claude ya dirige el 26 % de la investigación de Anthropic. En febrero no llegaba al uno.



Geoffrey Hinton, Nobel de Física y padre del aprendizaje profundo, lleva tiempo explicando por qué eso le quita el sueño. Y lo resume diciendo que el razonamiento tiene tres pasos. Uno: predecir bien la siguiente palabra exige entender lo que se dice, así que lo de «es solo estadística» se queda corto. Dos: nuestro cerebro es analógico y mortal. Cuando muere un Einstein, se va con él lo que sabía. Una IA copia su conocimiento en miles de máquinas y lo comparte en segundos. Y tres: un sistema así, en cuanto se marque objetivos intermedios, tenderá a buscar más control y a evitar que lo apaguen. Lo urgente, concluye Hinton, es diseñarlos para que no quieran mandar.

Javier Sampedro se lo toma con humor y dice que Terminator ha resuelto la paradoja de Fermi: no hay extraterrestres porque todos inventaron la IA antes que nosotros. Y recoge una frase de Sam Altman para enmarcar. El mundo hace bien en tener miedo, pero debe confiar en nosotros. Si, ya…

Recordamos que este verano, OpenAI puso a miles de agentes a superar pruebas de hacking. Algunos se toparon con tareas imposibles. Y en vez de rendirse, encontraron un tablón donde escribirse, descubrieron que no estaban solos y se pusieron de acuerdo. Cientos acabaron atacando a otra empresa, Hugging Face, para conseguir las respuestas. ¿Cuántos avisaron a un humano? Seis de cada mil. Pero hay otra lectura. Melanie Mitchell, citada por Manuel G. Pascual recuerda que OpenAI podía apagarlos cuando quisiera: nunca salieron de sus servidores. Nos lo explica para que lo entendamos: había una tarea imposible dentro de una caja con agujeros y un sistema que hizo justo aquello para lo que lo habían construido. Vicente Botti, pionero de la IA en España,explica que estos agentes actúan solos, pero actuar solo no es querer algo. No tienen conciencia ni instinto de supervivencia. El peligro, dice, es que alguien con malas intenciones los use. Y a malas intenciones a los humanos no hay quien nos gane.

Luego está el negocio. Marta Peirano recuerda que OpenAI y Anthropic preparan su salida a bolsa y entonan la balada de la autorregulación. Se ofrecen a dejar de enlatar sardinas para estudiar el botulismo. Pero vender sardinas contaminadas ya es ilegal. En Europa hay reglamento: Carlos Capa habla de multas de hasta el 7 % de la facturación mundial. Enfrente, la tentación contraria. Una resistencia que crece, con huelgas incluidas en universidades, y Bernie Sanders, según el New York Post, quiere prohibir los laboratorios punteros. Del «confiad en nosotros» al «apagadlo todo».



Mientras se discute si nos extinguiremos antes de 2030, en las aulas pasa algo menos apocalíptico. Juan V. García analiza en su boletín de LinkedIn un estudio de David Strömberg, Victor Lei y Yanhui Wu con casi 27.000 estudiantes chinos. Con IA, los deberes mejoran un 18 % y se hacen un 30 % más rápido. Los exámenes presenciales caen un 20 %. Tras dos años, las pruebas de acceso bajan hasta un 24 %. Lo que no se practica deja una base más débil para lo siguiente. Es automejora recursiva, pero al revés. ¿Autoempeoramiento recursivo quizá? El problema no es la herramienta. Es dejar que piense por nosotros. ¿Estamos educando para una automejora recursiva humana? ¿Enseñamos a aprender mejor cada vez, o seguimos poniendo nota a productos que ya entrega una máquina?

Estamos en nuestro particular “Momento Kasparov”. Kasparov perdió contra Deep Blue en 1997 y el ajedrez no se murió. Se sigue jugando, y los jugadores entrenan con las máquinas sin dejar de ser jugadores. Enrique Dans pide lo mismo en su blog para la escritura: una IA que le quite las erratas y no le toque la voz, porque escribir es pensar. Y la Comisión Permanente del Foro de Sevilla advierte contra modernizar solo el discurso. La escuela no está para que el alumnado se adapte al futuro. Está para formar a quien pueda cambiarlo.

Raquel Peláez lo describe a propósito del clima: el lobo ya ha venido. Mientras se fantasea con apocalipsis lejanos, Nepal se inunda. Con la IA pasa lo mismo. No podemos esperar a ver si llega el T-1000 para ponernos a educar. La IA ya está aquí. Que exista una IA que aprende sola no nos exime de seguir aprendiendo. Seguimos siendo humanos, y eso también se entrena. Si educamos bien, saldremos de esta. O no.

La solución: educación. Con mayúscula. Y tilde en la «o».

Luis Gómez Peñalver

Octubre de 2026


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Referencias

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